
La presencia en los mercados españoles del panga, un pez procedente de China, no resulta gratificante para los empresarios acuícolas ni para los armadores de buques de pesca que consideran que se practica una competencia desleal que debe cortarse de raíz.
Sea o no debido a la protesta de los armadores, en los últimos días, el panga, que se vende fileteado, ha desaparecido de los mostradores en los que se exhibía al lado de filetes de merluza fresca y con una diferencia, entre ellos, de menos de un euro en kilo.
Habiendo tomado nota de esa presencia en las grandes superficies comerciales gallegas, muchas de ellas propiedad de empresarios de Galicia, también hemos podido comprobar que, coincidiendo con las quejas, la exhibición en televisión de un reportaje en el que se muestra al panga en su medio natural y el tratamiento que se da a su carne para su posterior venta, el caso es que este pez de agua dulce (no hemos visto en el etiquetado que se haga referencia a ello) ya no figura en los mostradores rodeado, como era habitual, de hielo y con la etiqueta que, en algunos casos, advierte que se trata de filetes que han sido congelados.
Es posible que la unión de acuicultores y pescadores marinos haya dado resultado y los mercados hayan optado por retirar la mercancía. Quizás sólo sea una casualidad. Pero lo cierto es que el reportaje en televisión invita a pocas experiencias culinarias con el producto de un pez similar al tiburón por su forma y de una longitud promedio de un metro. Posee una gran boca ovalada en sentido horizontal y tiene el lomo de color entre azul y gris ceniza, con el vientre blanco y aletas de un tono azul oscuro. Una línea blanca recorre la mitad de su cuerpo, desde la cola hasta las branquias. Es un pescado blanco y su carne -con un contenido en grasas y aporte calórico muy bajos- se asemeja a la del lenguado, si bien es más consistente y de sabor más fuerte. Se vende limpio y fileteado y al exhibirlo al lado de la merluza también fileteada y a un precio similar, no es extraño que la protesta se haya producido, máxime teniendo en cuenta que los ríos en los que el panga se cría no son, ni con mucho, una muestra de salubridad. Menos, todavía, si, como se ha dicho, se utiliza la orina de las mujeres embarazadas para dotar a estos peces de una vitalidad que nadie garantiza sanitariamente.
Sea o no debido a la protesta de los armadores, en los últimos días, el panga, que se vende fileteado, ha desaparecido de los mostradores en los que se exhibía al lado de filetes de merluza fresca y con una diferencia, entre ellos, de menos de un euro en kilo.
Habiendo tomado nota de esa presencia en las grandes superficies comerciales gallegas, muchas de ellas propiedad de empresarios de Galicia, también hemos podido comprobar que, coincidiendo con las quejas, la exhibición en televisión de un reportaje en el que se muestra al panga en su medio natural y el tratamiento que se da a su carne para su posterior venta, el caso es que este pez de agua dulce (no hemos visto en el etiquetado que se haga referencia a ello) ya no figura en los mostradores rodeado, como era habitual, de hielo y con la etiqueta que, en algunos casos, advierte que se trata de filetes que han sido congelados.
Es posible que la unión de acuicultores y pescadores marinos haya dado resultado y los mercados hayan optado por retirar la mercancía. Quizás sólo sea una casualidad. Pero lo cierto es que el reportaje en televisión invita a pocas experiencias culinarias con el producto de un pez similar al tiburón por su forma y de una longitud promedio de un metro. Posee una gran boca ovalada en sentido horizontal y tiene el lomo de color entre azul y gris ceniza, con el vientre blanco y aletas de un tono azul oscuro. Una línea blanca recorre la mitad de su cuerpo, desde la cola hasta las branquias. Es un pescado blanco y su carne -con un contenido en grasas y aporte calórico muy bajos- se asemeja a la del lenguado, si bien es más consistente y de sabor más fuerte. Se vende limpio y fileteado y al exhibirlo al lado de la merluza también fileteada y a un precio similar, no es extraño que la protesta se haya producido, máxime teniendo en cuenta que los ríos en los que el panga se cría no son, ni con mucho, una muestra de salubridad. Menos, todavía, si, como se ha dicho, se utiliza la orina de las mujeres embarazadas para dotar a estos peces de una vitalidad que nadie garantiza sanitariamente.
Ante los productos propios de nuestros mares, parece increíble que el panga haya encontrado mercado en Galicia. Y, como pez de río, uno se queda con nuestra trucha o el salmón. Para las piscifactorías quedan otras especies como el rodaballo o la lubina, entre otros, a los que el panga, supuestamente, no puede hacer sombra. Pero su filete es atractivo, y contribuye a hundir los precios de los productos de Galicia. De ahí que no llame la atención esa unión para reclamar actuaciones de las autoridades sanitarias y de pesca en relación con la comercialización en nuestro país de un producto que, además, se adquiere -por no leer las etiquetas- como fresco cuando, en realidad, ha sido congelado previamente a su venta.
ANTON LUACES, laopinióncoruña.es
ANTON LUACES, laopinióncoruña.es

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